El proyecto del DTOP separa peatones y conductores para afirmar al carro como el usuario legítimo de la vía — y al peatón como un invitado que necesita su propio carril protegido. Es exactamente lo contrario de lo que el Viejo San Juan necesita.
Vista aérea histórica del Castillo San Felipe del Morro y sus alrededores. El campo verde, los árboles, el acceso peatonal — así por siglos. Los carros llegaron después, y el DTOP ahora quiere cementarlos permanentemente.
Foto aérea histórica del Viejo San Juan — el campo frente al Morro y el paseo de árboles que conecta con la ciudad, sin estacionamiento de carros.
De ese campo verde histórico, llegamos a esto — y el proyecto del DTOP lo quiere cementar para siempre.
El proyecto AC-240013 elige la segunda opción. La petición de 5,000+ firmas pide la tercera.
Aceras separadas con bordillos. Una rotonda de 20 pies diseñada para fluidez vehicular. Estacionamiento permanente de concreto en el campo frente al Morro. Una vía que se siente — y se conduce — como carretera de tránsito a 20mph, en una zona histórica que es, de hecho, un paseo.
Un área de prioridad peatonal real, donde el vehículo se mueve como visitante — despacio, cediendo el paso. Una extensión natural del Paseo La Princesa que cruce la Puerta de San Juan y llegue caminando, bajo sombra, hasta el propio Castillo del Morro.
En una zona de prioridad peatonal, el espacio se diseña primero para quien camina. El vehículo puede entrar — para residentes, servicios, accesibilidad — pero lo hace bajo las reglas del peatón: velocidad mínima, sin separación física que le dé al carro su propio territorio protegido, sin geometría que premie la fluidez vehicular por encima del cruce humano.
El proyecto actual hace lo opuesto: construye infraestructura que trata al carro como el usuario normal de la vía — bordillos, rotondas, carriles anchos — y trata al peatón como alguien que necesita protección especial para sobrevivir un espacio que, en primer lugar, nunca debió diseñarse para velocidad.
Esa es la relación correcta entre peatón y vehículo en un distrito histórico peatonal — y es exactamente la relación que este proyecto invierte.
Un rótulo de "Velocidad Máxima 5" no cambia cómo se siente conducir por una vía con bordillos altos, carriles anchos y una rotonda fluida. El diseño físico — no la señalización — es lo que realmente le dice al conductor qué tan rápido ir.
El Viejo San Juan se promueve turísticamente como un destino para caminar — calles empedradas, plazas, vistas al mar. Diseñar sus accesos como vías de tránsito vehicular contradice esa identidad en la práctica, aunque el mercadeo diga lo contrario.
Desde la Puerta de San Juan hasta el Morro hay una ruta caminable lógica, bajo sombra, junto al mar. El Paseo La Princesa demuestra que Puerto Rico sabe construir este tipo de espacio. Aquí se está haciendo lo opuesto.
Charles Marohn, ingeniero y fundador de Strong Towns, confiesa en su libro Confessions of a Recovering Engineer que esta misma lógica — despejar el camino del carro a costa del peatón — fue su propio error profesional durante años. Puerto Rico lo está repitiendo ahora.
Esa debería ser la regla en el corazón histórico del Viejo San Juan — no al revés. Firma y comparte el expediente con quien necesite verlo.
✊ Tomar Acción ✍️ Firmar la petición en Change.org